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 Clarín - Economía

Tras el default de Vicentín, ¿otro jaque al comercio de granos?

Primero dejó de pagar BLD. Y tras el default de Vicentín habría más firmas en problemas como Guardati Torti. La Bolsa de Rosario, líder en el comercio de granos, es la única que queda en el mundo con intermediarios y operando a viva voz.

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La planta de Renova en San Lorenzo, al norte de Rosario, es una de las de mayor capacidad y una de las precursoras y de mayor producción de biodiesel en la Argentina.

El millonario default de Vicentín se vive entre los productores como un golpe de gracia al sistema de comercialización de granos, que tiene en la Bolsa de Comercio de Rosario a su máximo exponente. Bien reconocida por sus 135 años de historia, en la Bolsa hay toda una unidad de estilo que se basa en la confianza de una cadena que arranca en el campo, sigue en los intermediarios y termina en las exportadoras operando a viva voz, algo que ya no existe en el mundo.

Esto es, el productor le entrega su mercadería al corredor por precio a fijar, es decir que se le puede exigir el pago dentro de un determinado plazo. El corredor cobra una comisión al ofrecer ese producto que termina en las exportadoras o fábricas de aceites o biocombustibles. A su vez, esos compradores abonan directo al productor.

Pero en lo que muchos definen como economía casino y al compás de las tasas de interés superlativas, apareció una nueva figura en los últimos tiempos, la del corre acopio. Otra singularidad de estas tierras. Son quienes toman la mercadería del productor por su cuenta. Eligen el momento de la venta y la ofrecen luego a los exportadores quienes les pagan directamente a ellos. En esta figura habría se apoyado Vicentín para garantizar su aprovisionamiento de materia prima. Cuentan los operadores, que a viva voz les ofrecía un sobreprecio que no llegaba a bolsillo del chacarero. Hay varias de estas “casas” en problemas en simultáneo con otras firmas de corretaje más tradicionales. Expertos, que solicitan el off para hablar de la comercialización de granos, recurren a la conocida frase de Antonio Gramsci: “El viejo sistema se muere, pero el nuevo tarda en aparecer”. Gramsci añadía que en ese claroscuro surgen los monstruos. En este caso sería un posible efecto cascada.

Muchos ya estaban atormentados apenas se conoció el desplome financiero de BLD, en octubre de 2019 con una deuda declarada de US$ 100 millones que otros sitúan en US$ 200 millones por “supuestas operaciones lejos de la AFIP”. Con apenas 20 años de vida, BLD había escalado a la cima hasta convertirse en la principal agencia de bolsa del interior. La semana pasada y a raíz de la caída de Vicentín se conoció la cesación de pagos de otro correacopio, la firma Guardati Torti, una de las históricas y entre las más grandes en el rubro. Angel Torti, uno de sus dueños, era a su vez, pro tesorero de la Bolsa de Comercio de Rosario. Renunció al cargo. Guardati Torti, con más de 40 años, funciona en la torre Nordlink, sobre la barranca del Paraná en Rosario, símbolo de la pujanza de la pampa húmeda y donde también atiende BLD.

Alberto “Beto” Padoan fue presidente de la Bolsa de Rosario hasta hace muy poco. Casado con una de las herederas de la familia Vicentín, pidió licencia primero al estar mencionado en los cuadernos de las coimas. Renunció luego por los problemas de Vicentín. Su yerno, Santiago Ramos, al frente de la Cámara Arbitral de la entidad, resiste dejar el cargo y solo pidió licencia. Al frente de la Bolsa quedó Daniel Nasini, valorado como experto en financias e instrumentos de opciones y futuros, algo que parece llevar en el ADN: su madre es una de las profesoras de matemáticas más célebres de la Universidad Nacional de Rosario. En estos días, la Bolsa es un hervidero como pocas veces en su larga vida. La empresa de su vicepresidente, Hugo Grassi, habría quedado atrapada con una deuda millonaria en dólares en el concurso de Vicentín.

A su vez, los socios de la Bolsa han decidido poner los reflectores sobre el juzgado comercial de Reconquista, donde se asentó el concurso de Vicentín. Dicen, sin maledicencia, que el Juzgado, de una localidad pequeña, podría verse desbordado por la magnitud de los pasivos que ascienden a 1.300 millones de dólares.